miércoles, 29 de diciembre de 2010
En su propia tela
Tejió la tela con la seda que vomitaba en cada espasmo intestinal. Despacio, intentando saborear el final de la ardua tarea que estaba llevando a cabo.
El cristal líquido formaba figuras idénticas que a medida que iba muriendo, las creaba cada vez más pequeñas, minúsculas, bajo la atenta mirada de la viuda negra.
La elevada elasticidad del hilo hacía que pudiera retroceder en cada movimiento inseguro y escudriñar en su interior buscando el paso más firme, sólido y dañino para poder atacar a su víctima.
En su delirio visionó encuentros con fondos marinos y brisas salinas cuando la cruda realidad era la soledad a la que se encontraba encadenada por culpa de su locura. Una locura que la hacía hundirse más y más en su mundo imaginario y egocéntrico donde la caza era su leitmotiv y a ella arrastraba a sus víctimas colaterales.
Sintió la vibración de las cuerdas bajo su cuerpo. Un movimiento placentero y ansiado que hizo temblar sus entrañas. Corrió, y en su ciega y obcecada carrera se enredó en su propia locura quedando a merced de otras alimañas que habitaban en su cerebro.
lunes, 20 de diciembre de 2010
Te atreves a seguir la historia?
Por fin había salido el sol después de tantos y tantos días oculto entre aquellos nubarrones grises.
Abrió las ventanas de par en par y sintió el calor de los rayos acariciando su cuerpo.
Una sensación de placer recorrió su columna como recordando tiempos pasados, tiempos en los que la soledad era solo una palabra que nunca pensó que la acompañaría tan pronto.
Abrió las ventanas de par en par y sintió el calor de los rayos acariciando su cuerpo.
Una sensación de placer recorrió su columna como recordando tiempos pasados, tiempos en los que la soledad era solo una palabra que nunca pensó que la acompañaría tan pronto.
miércoles, 24 de noviembre de 2010
Otro día más
Era duro enfrentarse cada día con lo que le esperaba en la escuela.Tenía que lidiar con esos indeseables que se metían con él por ser diferente.
Diferente a ellos.
No valoraba las cosas que los demás deseaban y admiraban. Vivía en su mundo. Un mundo de fantasía en el que no le dejaban vivir y le atacaban constantemente.
Sin tregua y sin razón.
En su peculiaridad era feliz aunque cuando aquellos tres se fijaban en él y lanzaban sus armas mortíferas en forma de insultos, burlas y acoso, se sentía la cosa más ínfima del universo y lo hubiera dado todo por desaparecer.
Ser invisible y volar como Peter Pan.
Un día sin encontrarse con ellos en el patio o en los pasillos, era un día dichoso y como tal, pensaba que ya todo había terminado.
Se ilusionaba, y en el siguiente ataque volvía a la realidad.
Una realidad de la que no sabía como huir. Necesitaba ayuda...
Diferente a ellos.
No valoraba las cosas que los demás deseaban y admiraban. Vivía en su mundo. Un mundo de fantasía en el que no le dejaban vivir y le atacaban constantemente.
Sin tregua y sin razón.
En su peculiaridad era feliz aunque cuando aquellos tres se fijaban en él y lanzaban sus armas mortíferas en forma de insultos, burlas y acoso, se sentía la cosa más ínfima del universo y lo hubiera dado todo por desaparecer.
Ser invisible y volar como Peter Pan.
Un día sin encontrarse con ellos en el patio o en los pasillos, era un día dichoso y como tal, pensaba que ya todo había terminado.
Se ilusionaba, y en el siguiente ataque volvía a la realidad.
Una realidad de la que no sabía como huir. Necesitaba ayuda...
jueves, 18 de noviembre de 2010
En cada instante
para mirarla cuando te añoro
y así tenerte presente
en cada instante.
Huelo tu esencia despacio,
como queriendo grabarla
y así tenerte presente
en cada instante.
Beso tu boca con brío,
ansia, deseo y orgullo
y así tenerte presente
en cada instante.
En cada instante infinito
siempre te tengo presente,
sintiendo tu fugaz silueta
tendida junto a mi pecho.
domingo, 7 de noviembre de 2010
Poison
Urdió un plan para poder deshacerse de la opresión que le acompañaba desde hacía muchos años.
Había llegado el momento, y la cuenta atrás inició la carrera para culminar su objetivo.
Despacio, como quien no quiere la cosa, entró en el supermercado y empujando el carro con una mano, se encaminó hacia el pasillo de los productos del hogar.
Miró los estantes de arriba a abajo, de derecha a izquierda y lo encontró.
Retiró el matamoscas y estirando el brazo, alcanzó el veneno para ratas que se escondía al fondo de la repisa.
Lo introdujo en el bolso, disimuladamente, y continuó haciendo la compra semanal con un brillo especial en los ojos.
Se sentía satisfecha y orgullosa de si misma.
Colocó los productos en la tira neumática de la caja, pagó y fue introduciendo las compras en bolsas con una leve sonrisa.
Cruzó las columnas metálicas y volvió a oír el insoportable pitido que semana tras semana la devolvía a la cruda realidad.
-Señora Cardiel, acompáñeme a la sala de seguridad por favor- indicó el guarda mientras la agarraba suavemente por el brazo.
Había llegado el momento, y la cuenta atrás inició la carrera para culminar su objetivo.
Despacio, como quien no quiere la cosa, entró en el supermercado y empujando el carro con una mano, se encaminó hacia el pasillo de los productos del hogar.
Miró los estantes de arriba a abajo, de derecha a izquierda y lo encontró.
Retiró el matamoscas y estirando el brazo, alcanzó el veneno para ratas que se escondía al fondo de la repisa.
Lo introdujo en el bolso, disimuladamente, y continuó haciendo la compra semanal con un brillo especial en los ojos.
Se sentía satisfecha y orgullosa de si misma.
Colocó los productos en la tira neumática de la caja, pagó y fue introduciendo las compras en bolsas con una leve sonrisa.
Cruzó las columnas metálicas y volvió a oír el insoportable pitido que semana tras semana la devolvía a la cruda realidad.
-Señora Cardiel, acompáñeme a la sala de seguridad por favor- indicó el guarda mientras la agarraba suavemente por el brazo.
lunes, 1 de noviembre de 2010
En su sitio, como siempre.
Escuchó innumerables historias y secretos que jamás salieron de sus entrañas.
Sintió las primeras caricias de esos amores furtivos y apasionados, y los besos pausados de quienes se despiden con tristeza.
Años, muchos años de risas y llantos compartidos.
En silencio.
Siempre en su sitio, esperando el tacto de quien roza sin querer, intentando alcanzar otro destino.
Cada cierto tiempo era el protagonista.
Sentía la pintura resbalar por sus surcos, y sus poros se abrían para beber hasta quedarse saciados.
Disfrutaba como nadie la atención que se le prestaba.
Sólo a él.
Lo añoraba. Añoraba esos momentos que pronto llegarían. Era un ciclo y sabía que los ciclos se repiten, incansablemente y por encima de todo.
Allí, quieto, anclado, se entretenía conversando con las ortigas mientras las caricias de los rayos anunciaban la llegada de la primavera.
Sintió las primeras caricias de esos amores furtivos y apasionados, y los besos pausados de quienes se despiden con tristeza.
Años, muchos años de risas y llantos compartidos.
En silencio.
Siempre en su sitio, esperando el tacto de quien roza sin querer, intentando alcanzar otro destino.
Cada cierto tiempo era el protagonista.
Sentía la pintura resbalar por sus surcos, y sus poros se abrían para beber hasta quedarse saciados.
Disfrutaba como nadie la atención que se le prestaba.
Sólo a él.
Lo añoraba. Añoraba esos momentos que pronto llegarían. Era un ciclo y sabía que los ciclos se repiten, incansablemente y por encima de todo.
Allí, quieto, anclado, se entretenía conversando con las ortigas mientras las caricias de los rayos anunciaban la llegada de la primavera.
martes, 26 de octubre de 2010
Último instante
El posar de las alas de un ángel
sobre el tacto de mi piel,
mientras la niebla cobija tu rostro
en tus manos entrelazadas.
Un puñal atraviesa la herida,
enciende las brasas de los recuerdos,
vivencias compartidas y angustias
se funden por momentos.
Oscuro vacío de vértigo,
palabras rotas en labios,
miradas que quieren decir,
y no encuentran camino.
Inmensidad, abandono,
cánticos que dulcifican el trance
de intentar aferrarse en un instante
al amparo de tus ojos.
viernes, 22 de octubre de 2010
Sentimenen errua
Nagiekin batera besoak luzatu zituen izararen freskotasuna harrapatzeko, eta astiro, prisa gabe, burua bueltatu eta geratzen ziren amodiozko usaiak azaleko zirrara sortu zioten.
Begiak oraindik gehiegi zabaldu gabe, komunera abiatu eta uraren tantak gorputzaren kontra kolpeka hasi zirenean, oroitzen hasi zen.
Tabernaren sokondo batean, iluntasunean, bakarrik, beti bezala. Itxaroten.
Gaua aurrera zihoan eta esperantza guztiak galduta zituenean, heldu zen.
Atea zabaldu, sartu eta uhara usaintsua uzten joan zen pausu bakoitzean. Inor ez zen konturatu, bera bai.
Ezin zen bere aldamenetik kendu eta ohartu zenean, hitzegiteko momentua heldu zela pentsatu zuen.
Hitzegin, barreak, laztanak…eta ez zen gehiagotaz gogoratzen.
Txorrota zarratu gabe irten zen komunetik. Pasabidean zehar, gorputzean zeuden tantak norabide gabe irtetzen ziren horman edo lurrean hiltzeko.
Gelara heldu, gaumahaia zabaldu, ikutu eta karguratu zen.
Beste bi urte itxaron beharko zuen begietatik operatzeko.
martes, 19 de octubre de 2010
Centro mèdico
Y llegó el día. Después de dos meses de haberse caído tontamente al pisar la maldita baldosa, que desde hacía tiempo balanceaba en la cocina, se vistió con la mayor suavidad que pudo para no hacerse daño en el brazo y subió hasta el ambulatorio.
Los primeros días habían sido duros. Problemas para asearse, imposible hacer las tareas rutinarias de la casa, tener que tirar de comida envasada y no poder rascarse con la mano derecha sabiendo que era un inútil con la izquierda.
Entró cansado de subir la cuesta y las escaleras hasta el segundo piso, y antes de sentarse en una de aquellas sillas azules, dura e incomoda, oyó comentar al vecino de espera que sólo en Gernika se les ocurría hacer el ambulatorio en la parte más alta de la villa, teniendo en cuenta todo el espacio libre que había en La Vega.
Asintió con la cabeza y respiró profundamente al poder apoyar el brazo dolorido en su regazo.
En la media hora que permaneció sentado hasta que le tocó su turno, observó la cantidad de seres de distinta índole que poblaban aquel largo y aséptico pasillo.
Desde la auxiliar, que se cuelga medallas obtenidas por descubrimientos científicos en pro del futuro de la humanidad soltando perlas como, -¡Le he dicho que espere ahí hasta que le llame!. -¿Está sordo?, le he llamado dos veces. -¡No puede entrar en consulta sin permiso!, hasta la abuelita, que asiente a todo con la cabeza deseando que le presten la atención que fuera de allí no tiene, pasando por el joven, que estira las piernas con desgana esperando que se den prisa y le dejen en paz.
Le nombraron, entró y vio una sala bastante descuidada con una mesa y dos sillas, en una esquina y un señor con bata blanca mirándole con indiferencia. Le preguntó por el dolor mientras le hacía mover el brazo de un lado a otro y citándole para dentro de un mes, después de recetarle una crema y una radiografía, le despidió.
De vuelta a casa, todo cuesta abajo gracias a Dios, el camino se le hizo muy corto pensando el tipo de póliza médica que iba a contratar al día siguiente.
Los primeros días habían sido duros. Problemas para asearse, imposible hacer las tareas rutinarias de la casa, tener que tirar de comida envasada y no poder rascarse con la mano derecha sabiendo que era un inútil con la izquierda.
Entró cansado de subir la cuesta y las escaleras hasta el segundo piso, y antes de sentarse en una de aquellas sillas azules, dura e incomoda, oyó comentar al vecino de espera que sólo en Gernika se les ocurría hacer el ambulatorio en la parte más alta de la villa, teniendo en cuenta todo el espacio libre que había en La Vega.
Asintió con la cabeza y respiró profundamente al poder apoyar el brazo dolorido en su regazo.
En la media hora que permaneció sentado hasta que le tocó su turno, observó la cantidad de seres de distinta índole que poblaban aquel largo y aséptico pasillo.
Desde la auxiliar, que se cuelga medallas obtenidas por descubrimientos científicos en pro del futuro de la humanidad soltando perlas como, -¡Le he dicho que espere ahí hasta que le llame!. -¿Está sordo?, le he llamado dos veces. -¡No puede entrar en consulta sin permiso!, hasta la abuelita, que asiente a todo con la cabeza deseando que le presten la atención que fuera de allí no tiene, pasando por el joven, que estira las piernas con desgana esperando que se den prisa y le dejen en paz.
Le nombraron, entró y vio una sala bastante descuidada con una mesa y dos sillas, en una esquina y un señor con bata blanca mirándole con indiferencia. Le preguntó por el dolor mientras le hacía mover el brazo de un lado a otro y citándole para dentro de un mes, después de recetarle una crema y una radiografía, le despidió.
De vuelta a casa, todo cuesta abajo gracias a Dios, el camino se le hizo muy corto pensando el tipo de póliza médica que iba a contratar al día siguiente.
lunes, 11 de octubre de 2010
Desde el suelo
Pasó la página del periódico después de humedecer su dedo rozando la punta de la lengua. Sin interés en lo que intentaba leer, alzó los ojos por encima de los cristales de las gafas que hacía un año usaba para luchar contra la presbicia y entonces lo vio. Pequeñito, fino, intentando pasar desapercibido y mirando a todos lados. Se levantó, lo cogió con delicadeza y rapidez mientras aguantaba la respiración en unos segundos que le parecieron interminables.
Una vez sentado de nuevo en aquella terraza en la que solía degustar un excelente café todas las mañanas, sacó la cartera e introdujo el billete de 50 euros que había encontrado.
¡Bien, da gusto comenzar así la mañana!- pensó mientras intentaba concentrarse en la lectura.
Una vez sentado de nuevo en aquella terraza en la que solía degustar un excelente café todas las mañanas, sacó la cartera e introdujo el billete de 50 euros que había encontrado.
¡Bien, da gusto comenzar así la mañana!- pensó mientras intentaba concentrarse en la lectura.
Terapia semanal
Cada cual perfiló el camino que debía seguir hasta la puerta del antro en el que habían quedado. Por la ribera del río, el bus 77, metro salida Arenal , recto y en la tercera girar a la derecha. Iban llegando y mientras unos esperaban a los otros, los otros hablaban de los unos, intentando crear un ambiente agradable y distendido.
Entraron en el Jai.
Cada cual realizó su barrido intentando hacerse con la situación. Dos parejas al fondo intentando entenderse por encima de la música de Lila Downs, cuatro en la barra separados por la distancia justa para colocar el cepo con el cual cazar a sus víctimas y una pareja comiéndose la boca bajo la bola discotequera tipo fiebre del sábado noche.Misión cumplida.
Cada cual volvió deshaciendo el camino que había tomado al inicio de la noche. Un camino que una vez a la semana se convertía en tiempo de reflexión y satisfacción sobre su propia vida y sobre la desdicha de la ajena.
Terapia semanal concluida.
jueves, 30 de septiembre de 2010
Decisión acertada
Tomó la decisión después de haber pasado los dos peores días de su vida.
Sintió angustia.
Una angustia que hacía que se le quedara atragantado el aire en la boca del estómago.
Sintió vacío.
Un vacío llenado a base de recuerdos y vivencias compartidas y añoradas.
Se engañó.
Pensó que podría vivir como si no hubiese pasado nada aquel último día.
Se equivocó.
Un viaje en el que absorbió la ternura que ofrecía, sin saber que ya no volvería a tenerle como parte suya.
Sólo suya.
Intuyó que algo pasaba, pero miró hacia otro lado esperando que el viento de la isla se lo llevara.
Fue inútil.
La tramontana no tuvo la suficiente fuerza de arrancar de su mente lo que había resuelto.
Se terminó.
Un vago comentario haciendo referencia a sentimientos difusos e inseguros y el sueño de quereres compartidos se rompió.
Le creyó.
Tomó la decisión sabiendo que su única salida era arrancar de cuajo unos sentimientos que de otro modo le perseguirían de por vida.
Sin pausa.
Una vida, su vida, y se aferró a ella deseando que no le defraudara.
Y acertó.
Sintió angustia.
Una angustia que hacía que se le quedara atragantado el aire en la boca del estómago.
Sintió vacío.
Un vacío llenado a base de recuerdos y vivencias compartidas y añoradas.
Se engañó.
Pensó que podría vivir como si no hubiese pasado nada aquel último día.
Se equivocó.
Un viaje en el que absorbió la ternura que ofrecía, sin saber que ya no volvería a tenerle como parte suya.
Sólo suya.
Intuyó que algo pasaba, pero miró hacia otro lado esperando que el viento de la isla se lo llevara.
Fue inútil.
La tramontana no tuvo la suficiente fuerza de arrancar de su mente lo que había resuelto.
Se terminó.
Un vago comentario haciendo referencia a sentimientos difusos e inseguros y el sueño de quereres compartidos se rompió.
Le creyó.
Tomó la decisión sabiendo que su única salida era arrancar de cuajo unos sentimientos que de otro modo le perseguirían de por vida.
Sin pausa.
Una vida, su vida, y se aferró a ella deseando que no le defraudara.
Y acertó.
martes, 28 de septiembre de 2010
Viaje a las estrellas
Ufff, que sabor más amargo tiene- pensó después de lamer de su mano las mini bolitas de metilfenidato amarillas.
Había dudado si tomarse una capsula entera o abrirla y tomar la mitad.
Su miedo a un efecto demasiado marcado fue lo que le hizo decantarse por la media dosis y así, sobre la marcha, poder valorar la cantidad para las siguientes tomas.
Se sentó en el sofá reclinable que casi nunca usaba y lo tiró hacia atrás con suavidad, empujando el respaldo.
Cerró los ojos y esperó el tan ansiado viaje a las estrellas.
Esperó, esperó y de pronto sintió como si un puño golpeara su vientre con fuerza y corrió a toda prisa hacia el retrete que acotaba el fondo del angosto pasillo.Entre retortijón y retortijón fijó sus ojos en las láminas de astronomía que tapaban las humedades del baño y sonrió.
!Menudo viaje a las estrellas!
Había dudado si tomarse una capsula entera o abrirla y tomar la mitad.
Su miedo a un efecto demasiado marcado fue lo que le hizo decantarse por la media dosis y así, sobre la marcha, poder valorar la cantidad para las siguientes tomas.
Se sentó en el sofá reclinable que casi nunca usaba y lo tiró hacia atrás con suavidad, empujando el respaldo.
Cerró los ojos y esperó el tan ansiado viaje a las estrellas.
Esperó, esperó y de pronto sintió como si un puño golpeara su vientre con fuerza y corrió a toda prisa hacia el retrete que acotaba el fondo del angosto pasillo.!Menudo viaje a las estrellas!
martes, 21 de septiembre de 2010
Estudio científico
Sintió como la sangre dejaba de correr poco a poco por sus venas mientras sus músculos se entumecían bajo la corriente de aire frio.
Intentó estirar la mano para retirar el plástico que le apretaba suavemente, pero no fue capaz. Su mente ordenaba aunque los dichosos impulsos no llegaban a sus extremidades.
¡Imposible!.
Notó el sopor que antecede a las siestas que se echaba en el sofá de casa de su madre, e intento mantenerse despejado y consciente.
Necesitaba pensar. Recordar lo sucedido antes de que el frio rozara su piel, y sus párpados fueran como bloques de titanio. Necesitaba pensar.
Oyó el ruido de un motor a lo lejos, que se entremezclaba con voces susurrantes imposibles de descifrar. Cada vez más cerca. Más cerca.
Inspiró aire en un intento de coger fuerzas para poder gritar, pero su boca permaneció impasible y sus labios cerrados.
Una bola de angustia recorrió sus entrañas mientras un sabor agridulce intentaba hacerse camino entre las papilas gustativas.
Lo entendió.
Suspiró y visualizó el momento en el que firmó los impresos que permitían su congelación en los laboratorios Walt Disney, a cambio de 5000 euros, para su posterior estudio.
Volvió a suspirar y se dejó mecer en los brazos de Morfeo.
Intentó estirar la mano para retirar el plástico que le apretaba suavemente, pero no fue capaz. Su mente ordenaba aunque los dichosos impulsos no llegaban a sus extremidades.
¡Imposible!.
Notó el sopor que antecede a las siestas que se echaba en el sofá de casa de su madre, e intento mantenerse despejado y consciente.
Necesitaba pensar. Recordar lo sucedido antes de que el frio rozara su piel, y sus párpados fueran como bloques de titanio. Necesitaba pensar.
Oyó el ruido de un motor a lo lejos, que se entremezclaba con voces susurrantes imposibles de descifrar. Cada vez más cerca. Más cerca.
Inspiró aire en un intento de coger fuerzas para poder gritar, pero su boca permaneció impasible y sus labios cerrados.
Una bola de angustia recorrió sus entrañas mientras un sabor agridulce intentaba hacerse camino entre las papilas gustativas.
Lo entendió.
Suspiró y visualizó el momento en el que firmó los impresos que permitían su congelación en los laboratorios Walt Disney, a cambio de 5000 euros, para su posterior estudio.
Volvió a suspirar y se dejó mecer en los brazos de Morfeo.
martes, 7 de septiembre de 2010
Sexo de látex
Pasó la lengua desde la base de su espalda hasta llegar a la nuca donde se encontró con una mata de pelo rizado con sabor a látex.
Acarició con la punta de sus yemas la cintura sintiendo que ella se estremecía en cada movimiento oscilante sin dirección definida.
Apretó los pechos por la espalda mientras dejaba sobresalir los pezones entre sus dedos y los rozaba suavemente.
La besó y en cada ataque buscó con desesperación la valentía de contrincante, que defiende con honor la osadía del asaltante, que es capaz de allanar la morada sin ser invitado.
Nunca la encontró.
Accedió a la mesilla de noche desde donde sacó el neceser que contenía las fragancias y enseres que le acompañaban en sus escarceos amorosos.
Tomó el gel y lo extendió con dulzura y delicadeza preparando el terreno que iba a ser conquistado y lo conquistó.
No se inmutó.
Sintió el agua en forma de gotas que brotaban de cada una de las células que habilmente habían sido prensadas en una máquina made in China y suspiró.
Se levantó, se duchó lenta y cuidadosamente mientras ella esperaba tendida en la cama a que le pasara un paño húmedo y la devolviera a la caja que guardaba en el fondo del armario hasta la próxima sesión.
Acarició con la punta de sus yemas la cintura sintiendo que ella se estremecía en cada movimiento oscilante sin dirección definida.
Apretó los pechos por la espalda mientras dejaba sobresalir los pezones entre sus dedos y los rozaba suavemente.
La besó y en cada ataque buscó con desesperación la valentía de contrincante, que defiende con honor la osadía del asaltante, que es capaz de allanar la morada sin ser invitado.
Nunca la encontró.
Accedió a la mesilla de noche desde donde sacó el neceser que contenía las fragancias y enseres que le acompañaban en sus escarceos amorosos.
Tomó el gel y lo extendió con dulzura y delicadeza preparando el terreno que iba a ser conquistado y lo conquistó.
No se inmutó.
Sintió el agua en forma de gotas que brotaban de cada una de las células que habilmente habían sido prensadas en una máquina made in China y suspiró.
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jueves, 26 de agosto de 2010
Sra. Danvers
Cruzó el pasillo iluminando mediante sombras las distintas habitaciones que la luz a su paso dejaba. Mientras caminaba, recordó aquellos años en los que tan feliz había sido junto a ella. Lo hubiera dado todo por Rebecca.
Ocultó sus devaneos sexuales e incluso fue capaz de mentir si la ocasión lo requería sólo por contentarla.
Se embutió en un vestido negro realizado con el traje de boda de su ama para tenerla siempre cerca y así sentir sus mismas sensaciones. Sensaciones que ya nunca lograría retener en los poros de su piel.
Amaba Manderley y todo lo que había significado para ella. Todo por lo que había vivido y que una noche desapareció sin dejar rastro.
Se sentía sola, sola y engañada después de haber dedicado cada instante de su vida a agradarla y servirla.
Para putas gracias, pensó.
Bajó los escalones con un rictus mortal en su cara, deslizando una mano por el pasamanos de la gran escalera y sujetando en la otra el candelabro mientras pensaba en su futuro.
Había decidido volver a empezar en su Rumanía natal. Tenia unos ahorrillos que había podido sisar y sabía que con ellos sería una mujer respetada.
Mientras seguía bajando, notó algo entre sus piernas que la hizo tropezar y caer rodando escaleras abajo. Al caer, las velas corrieron en distintas direcciones prendiendo fuego a tapices y alfombras que adornaban el suelo y las paredes de la estancia.
Jasper miraba desde la esquina de la puerta, dio la vuelta y salió hacia el jardín dejando una casa en llamas a su espalda.
Ocultó sus devaneos sexuales e incluso fue capaz de mentir si la ocasión lo requería sólo por contentarla.
Se embutió en un vestido negro realizado con el traje de boda de su ama para tenerla siempre cerca y así sentir sus mismas sensaciones. Sensaciones que ya nunca lograría retener en los poros de su piel.
Amaba Manderley y todo lo que había significado para ella. Todo por lo que había vivido y que una noche desapareció sin dejar rastro.
Se sentía sola, sola y engañada después de haber dedicado cada instante de su vida a agradarla y servirla.
Para putas gracias, pensó.
Bajó los escalones con un rictus mortal en su cara, deslizando una mano por el pasamanos de la gran escalera y sujetando en la otra el candelabro mientras pensaba en su futuro.
Había decidido volver a empezar en su Rumanía natal. Tenia unos ahorrillos que había podido sisar y sabía que con ellos sería una mujer respetada.
Mientras seguía bajando, notó algo entre sus piernas que la hizo tropezar y caer rodando escaleras abajo. Al caer, las velas corrieron en distintas direcciones prendiendo fuego a tapices y alfombras que adornaban el suelo y las paredes de la estancia.
Jasper miraba desde la esquina de la puerta, dio la vuelta y salió hacia el jardín dejando una casa en llamas a su espalda.
martes, 24 de agosto de 2010
El último vino
Primero, segundo,...abrió la puerta del ascensor y por un momento creyó que no podría sujetarse al quicio de la puerta. ¡Lo consiguió!. Sacó las llaves y el tintineo de las mismas le ayudó a centrarse visualmente y meter la llave en la cerradura. ¡Obstáculo superado!.
Al llegar a la cocina, el olor a coliflor que todavía impregnaba el aire desde el mediodía, le provocó una arcada desde lo más profundo de su estómago y corrió hasta el minúsculo baño al fondo del pasillo. Quitó la mano de la boca y un chorro de color rubí se mezcló con el agua cristalina que reposaba en el interior del inodoro. Ahí quedaron los últimos crianzas riojanos que había bebido con sus amigos. ¡Prueba superada!.
Apoyándose en las paredes del pasillo, llegó hasta su habitación y se echó sobre la cama. Suspiró y sonrió con un ligero movimiento de comisuras. ¡Bingo!.
Cerró los párpados y lo vio. Vio los ojos de su hijo mientras le decía : ¿Otra vez papá?
lunes, 16 de agosto de 2010
Otra vuelta
En cuanto no puso su mano sobre la suya en el sofá, supo que todo aquello había terminado. Todo aquello que imaginó que era lo que habìa estado esperando durante mucho tiempo. Tiempo en el que su vida había sido simple y anodina. Deseaba tanto salir de aquella monotonía que se cegaba a la mínima que sentía cariño y atención pensando que era la persona con la que querría compartir su vida. Como ya sucedió. Dos relaciones anteriores que hubiera deseado borrar de su memoria pero era tal la envergadura de los surcos que habian marcado su corazón que los recuerdos quedaron solidificados en su mente. Había vuelto a suceder y en su agonía sabía que pronto estaría preparado para volver a empezar de nuevo. Y volver a caer.
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