lunes, 1 de noviembre de 2010

En su sitio, como siempre.

Escuchó innumerables historias y secretos que jamás salieron de sus entrañas.
Sintió las primeras caricias de esos amores furtivos y apasionados, y los besos pausados de quienes se despiden con tristeza.
Años, muchos años de risas y llantos compartidos.
En silencio.
Siempre en su sitio, esperando el tacto de quien roza sin querer,  intentando alcanzar otro destino.

Cada cierto tiempo era el protagonista.
Sentía la pintura resbalar por sus surcos, y sus poros se abrían para beber hasta quedarse saciados.
Disfrutaba como nadie la atención que se le prestaba.
Sólo a él.
Lo añoraba. Añoraba esos momentos que pronto llegarían. Era un ciclo y sabía que los ciclos se repiten, incansablemente y por encima de todo.
Allí, quieto, anclado, se entretenía conversando con las ortigas mientras las caricias de los rayos anunciaban la llegada de la primavera.

3 comentarios:

  1. Solo unos pocos somos inteligentes. El resto pensaran que se trata de un simple banco.

    Buen escrito chavalote

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  2. Oso polita da!!! si los simples bancos hablaran.....

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