Sintió como la sangre dejaba de correr poco a poco por sus venas mientras sus músculos se entumecían bajo la corriente de aire frio.
Intentó estirar la mano para retirar el plástico que le apretaba suavemente, pero no fue capaz. Su mente ordenaba aunque los dichosos impulsos no llegaban a sus extremidades.
¡Imposible!.
Notó el sopor que antecede a las siestas que se echaba en el sofá de casa de su madre, e intento mantenerse despejado y consciente.
Necesitaba pensar. Recordar lo sucedido antes de que el frio rozara su piel, y sus párpados fueran como bloques de titanio. Necesitaba pensar.
Oyó el ruido de un motor a lo lejos, que se entremezclaba con voces susurrantes imposibles de descifrar. Cada vez más cerca. Más cerca.
Inspiró aire en un intento de coger fuerzas para poder gritar, pero su boca permaneció impasible y sus labios cerrados.
Una bola de angustia recorrió sus entrañas mientras un sabor agridulce intentaba hacerse camino entre las papilas gustativas.
Lo entendió.
Suspiró y visualizó el momento en el que firmó los impresos que permitían su congelación en los laboratorios Walt Disney, a cambio de 5000 euros, para su posterior estudio.
Volvió a suspirar y se dejó mecer en los brazos de Morfeo.

A ver si hay suerte y alguien se deja abierta la puerta del congelador
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