Tomó la decisión después de haber pasado los dos peores días de su vida.
Sintió angustia.
Una angustia que hacía que se le quedara atragantado el aire en la boca del estómago.
Sintió vacío.
Un vacío llenado a base de recuerdos y vivencias compartidas y añoradas.
Se engañó.
Pensó que podría vivir como si no hubiese pasado nada aquel último día.
Se equivocó.
Un viaje en el que absorbió la ternura que ofrecía, sin saber que ya no volvería a tenerle como parte suya.
Sólo suya.
Intuyó que algo pasaba, pero miró hacia otro lado esperando que el viento de la isla se lo llevara.
Fue inútil.
La tramontana no tuvo la suficiente fuerza de arrancar de su mente lo que había resuelto.
Se terminó.
Un vago comentario haciendo referencia a sentimientos difusos e inseguros y el sueño de quereres compartidos se rompió.
Le creyó.
Tomó la decisión sabiendo que su única salida era arrancar de cuajo unos sentimientos que de otro modo le perseguirían de por vida.
Sin pausa.
Una vida, su vida, y se aferró a ella deseando que no le defraudara.
Y acertó.
jueves, 30 de septiembre de 2010
martes, 28 de septiembre de 2010
Viaje a las estrellas
Ufff, que sabor más amargo tiene- pensó después de lamer de su mano las mini bolitas de metilfenidato amarillas.
Había dudado si tomarse una capsula entera o abrirla y tomar la mitad.
Su miedo a un efecto demasiado marcado fue lo que le hizo decantarse por la media dosis y así, sobre la marcha, poder valorar la cantidad para las siguientes tomas.
Se sentó en el sofá reclinable que casi nunca usaba y lo tiró hacia atrás con suavidad, empujando el respaldo.
Cerró los ojos y esperó el tan ansiado viaje a las estrellas.
Esperó, esperó y de pronto sintió como si un puño golpeara su vientre con fuerza y corrió a toda prisa hacia el retrete que acotaba el fondo del angosto pasillo.Entre retortijón y retortijón fijó sus ojos en las láminas de astronomía que tapaban las humedades del baño y sonrió.
!Menudo viaje a las estrellas!
Había dudado si tomarse una capsula entera o abrirla y tomar la mitad.
Su miedo a un efecto demasiado marcado fue lo que le hizo decantarse por la media dosis y así, sobre la marcha, poder valorar la cantidad para las siguientes tomas.
Se sentó en el sofá reclinable que casi nunca usaba y lo tiró hacia atrás con suavidad, empujando el respaldo.
Cerró los ojos y esperó el tan ansiado viaje a las estrellas.
Esperó, esperó y de pronto sintió como si un puño golpeara su vientre con fuerza y corrió a toda prisa hacia el retrete que acotaba el fondo del angosto pasillo.!Menudo viaje a las estrellas!
martes, 21 de septiembre de 2010
Estudio científico
Sintió como la sangre dejaba de correr poco a poco por sus venas mientras sus músculos se entumecían bajo la corriente de aire frio.
Intentó estirar la mano para retirar el plástico que le apretaba suavemente, pero no fue capaz. Su mente ordenaba aunque los dichosos impulsos no llegaban a sus extremidades.
¡Imposible!.
Notó el sopor que antecede a las siestas que se echaba en el sofá de casa de su madre, e intento mantenerse despejado y consciente.
Necesitaba pensar. Recordar lo sucedido antes de que el frio rozara su piel, y sus párpados fueran como bloques de titanio. Necesitaba pensar.
Oyó el ruido de un motor a lo lejos, que se entremezclaba con voces susurrantes imposibles de descifrar. Cada vez más cerca. Más cerca.
Inspiró aire en un intento de coger fuerzas para poder gritar, pero su boca permaneció impasible y sus labios cerrados.
Una bola de angustia recorrió sus entrañas mientras un sabor agridulce intentaba hacerse camino entre las papilas gustativas.
Lo entendió.
Suspiró y visualizó el momento en el que firmó los impresos que permitían su congelación en los laboratorios Walt Disney, a cambio de 5000 euros, para su posterior estudio.
Volvió a suspirar y se dejó mecer en los brazos de Morfeo.
Intentó estirar la mano para retirar el plástico que le apretaba suavemente, pero no fue capaz. Su mente ordenaba aunque los dichosos impulsos no llegaban a sus extremidades.
¡Imposible!.
Notó el sopor que antecede a las siestas que se echaba en el sofá de casa de su madre, e intento mantenerse despejado y consciente.
Necesitaba pensar. Recordar lo sucedido antes de que el frio rozara su piel, y sus párpados fueran como bloques de titanio. Necesitaba pensar.
Oyó el ruido de un motor a lo lejos, que se entremezclaba con voces susurrantes imposibles de descifrar. Cada vez más cerca. Más cerca.
Inspiró aire en un intento de coger fuerzas para poder gritar, pero su boca permaneció impasible y sus labios cerrados.
Una bola de angustia recorrió sus entrañas mientras un sabor agridulce intentaba hacerse camino entre las papilas gustativas.
Lo entendió.
Suspiró y visualizó el momento en el que firmó los impresos que permitían su congelación en los laboratorios Walt Disney, a cambio de 5000 euros, para su posterior estudio.
Volvió a suspirar y se dejó mecer en los brazos de Morfeo.
martes, 7 de septiembre de 2010
Sexo de látex
Pasó la lengua desde la base de su espalda hasta llegar a la nuca donde se encontró con una mata de pelo rizado con sabor a látex.
Acarició con la punta de sus yemas la cintura sintiendo que ella se estremecía en cada movimiento oscilante sin dirección definida.
Apretó los pechos por la espalda mientras dejaba sobresalir los pezones entre sus dedos y los rozaba suavemente.
La besó y en cada ataque buscó con desesperación la valentía de contrincante, que defiende con honor la osadía del asaltante, que es capaz de allanar la morada sin ser invitado.
Nunca la encontró.
Accedió a la mesilla de noche desde donde sacó el neceser que contenía las fragancias y enseres que le acompañaban en sus escarceos amorosos.
Tomó el gel y lo extendió con dulzura y delicadeza preparando el terreno que iba a ser conquistado y lo conquistó.
No se inmutó.
Sintió el agua en forma de gotas que brotaban de cada una de las células que habilmente habían sido prensadas en una máquina made in China y suspiró.
Se levantó, se duchó lenta y cuidadosamente mientras ella esperaba tendida en la cama a que le pasara un paño húmedo y la devolviera a la caja que guardaba en el fondo del armario hasta la próxima sesión.
Acarició con la punta de sus yemas la cintura sintiendo que ella se estremecía en cada movimiento oscilante sin dirección definida.
Apretó los pechos por la espalda mientras dejaba sobresalir los pezones entre sus dedos y los rozaba suavemente.
La besó y en cada ataque buscó con desesperación la valentía de contrincante, que defiende con honor la osadía del asaltante, que es capaz de allanar la morada sin ser invitado.
Nunca la encontró.
Accedió a la mesilla de noche desde donde sacó el neceser que contenía las fragancias y enseres que le acompañaban en sus escarceos amorosos.
Tomó el gel y lo extendió con dulzura y delicadeza preparando el terreno que iba a ser conquistado y lo conquistó.
No se inmutó.
Sintió el agua en forma de gotas que brotaban de cada una de las células que habilmente habían sido prensadas en una máquina made in China y suspiró.
![]() |
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)


