lunes, 26 de diciembre de 2011

Feliz vida nueva 2012

En lo alto de la loma el viento zigzagueaba entre las hojas de los arces mientras permanecías pensativo y melancólico. Echabas la vista atrás y eras consciente de todas las idas, las venidas y de los momentos felices que habíais compartido, y también de los ratitos en que todo aquello te parecía un andar por andar o un camino sin rumbo.
Tu dejarte llevar y tu conformismo hacían que todo pareciese fácil aunque fuese lo más retorcido o inquietante. Son maneras de ser, de ver la vida sin pliegues e intentando ser feliz con lo que se tiene. Sin más, como dirían ahora.
Recordabas las caricias y las palabras sin sonido, vocalizadas a través de miradas, como queriendo buscar una respuesta a todo lo que había sucedido.
Y llegó el momento.
El hartazgo repetitivo  hizo que entendieses que no era tanto lo que se perdía, que había mucho por descubrir y sentimientos nuevos que imprimir en tu piel.
Era tiempo de mirar hacia arriba, coger aire y saborear los momentos cotidianos y diminutos que te rodeaban y que sin ser muy consciente habías aparcado a un lado.
Te levantaste ayudado por el viento y descendiste hacia tu vida, volviendo a ser tú.

martes, 13 de diciembre de 2011

Lau, hiru, bi, bat...

Eztu eta larri jarraitu zuen eskailerak igotzen bere helburua bete nahian.
Helikopteroa zain zegoen.
Astiro-astiro, pausuak gero eta laburragoak emanez, airea birikietara ezin helduta sentitu zuen.
Gutxi falta zen.
Hamar solairu bakarrik.
-Laster hondartza batean part etzanda!-pentsatu zuen. 
Hurbildu einean, zarata gero eta bortitzago zen. Izerditan blai.
-Igogailu madarikatua!-garrasi zuen. 
Esku batean txartela eta bestearekin horman zegoen egurrezko hodiari kolpetzen zion. Tenkaka.
Buruko zainetan bihotzaren taupadak sentitzen hasi zen. Presioa. Zarata, kanpokoa eta barrukoa.
Bi pisu.
Indarrak sabelean pilatu eta azken txanpa betetzeko prest.
Pisu bat. Bost eskailera, lau, hiru,...
Zorabioa. Ahotsak. Hotza...amaiera.

lunes, 29 de agosto de 2011

Con dos...

Extendió los brazos para atar las sandalias con cristales de colores que compró para la comunión de su sobrina mientras de reojo analizaba la situación.
Una señora atando un caniche en uno de los barrotes del lateral, unos niños cambiando cromos a unos 3 metros de la puerta, gente paseando absorta en sus pensamientos y un señor calvo de gafas que en ese preciso instante salía y dejaba abierta la puerta de la sucursal. ¡Eureka!
Rauda y veloz metió la mano en la mochila roja, empuñó la pistola en su interior y se introdujo en la oficina del BBVA.
En unos segundos realizó un escaneo de los buitres que esperaban a sus víctimas detrás de las mesas y la vio. Con su amplia sonrisa, su melena rubia rizada y sus gafas oscuras.
Se acercó con seguridad, se plantó delante de la mesa, se sentó y sacó la pistola poniéndola sobre la mesa.

-¡Hijaputa, dámelo si no quieres que te vuele la cabeza de un tiro!

Atónita, la rubia lo puso sobre la mesa y aguantó la respiración.

Metió la pistola en la mochila, cogió el calendario y salió pensando que este sería el último año que le negaban su ansiado tesoro, faltaría más.

martes, 2 de agosto de 2011

¿Esperanza?

Si la esperanza es lo último que se pierde, ¿por qué cerró los ojos y saltó al vacío desde el borde del balcón?.
Habían intentado tenderle mil manos en cada caída pero se hacía un nudo con las suyas y no era capaz de liberarlas ni con el coctel más potente de ansiolíticos, cayendo al foso de sus oscuridades.
Volvía a emerger, dando tumbos, con euforias compartidas y soledades místicas que le abocaban hacia su deterioro físico y mental.
Sin fuerzas, carente de todo y de nada, decidió que la palabra esperanza no tenía cabida en su pequeño y agónico mundo, y saltó.
Se liberó, descansó.

miércoles, 2 de marzo de 2011

Recuerdos

Recorrió los acantilados dejándose rozar por el aire gélido que golpeaba su rostro. Le gustaba esa sensación de frío en sus mejillas y calor en su cuerpo. Le recordaba su niñez. Sus días mirando las olas que rompían con fuerza en las rocas mientras las gotas de agua salada inundaban sus pensamientos. Tiempos, vivencias y sensaciones que volvían a su ser por arte de imágenes y olores que se filtraban en su mente. Momentos felices o por lo menos eso le parecían cuando ponía la distancia entre ellos y el momento actual.

Descendió sin prisa por las callejuelas que a contracorriente subían hacia lo más alto del pueblo. Esquivando los adoquines que intentaban sobresalir del resto de iguales, llegó hasta al mirador sobre la playa.
Contempló el manto de hojas secas de color ocre que se mezclaban con la arena y la espuma blanca, mientras tomaba una bocanada de aire como queriendo retener en su interior todo lo que sentía en ese momento.

Se sentía feliz de haber vuelto a casa.

jueves, 6 de enero de 2011

Esa Mari!!!


Estaba perdía y camino pa la casa
cavilando en lo ke soy, en lo que siento

pokito a poko entendiendo
que no vale la pena andar por andar
que es mejor caminar pa ir creciendo

volveré a encontrarme con vosotros
volveré a sonreir en la mañana
volveré con lagrimas en los ojos
mirar al cielo y dar las gracias

pokito a poko entendiendo
que no vale la pena andar por andar
que es mejor caminar pa ir creciendo
pokito a poko entendiendo
que no vale la pena andar por andar
que es mejor caminar pa ir creciendo

mirarme dentro y comprender
que tus ojos son mi ojos
y ke tu piel es mi piel
en tus oidos me alborozo
en tu sonrisa me baño
soy parte de tu ser

pokito a poko entendiendo
que no vale la pena andar por andar
que es mejor caminar pa ir creciendo
pokito a poko entendiendo
que no vale la pena andar por andar
que es mejor caminar pa ir creciendo

volveré a sentarme con los mios
volveré a compartir mi alegria
volveré pa contarte que he soñao
olores nuevos y días claros

martes, 4 de enero de 2011

Hacia algún lugar

Navegó sintiendo la fuerza del viento empujar sus ansias.
Intentó escapar de sus miedos buscando un horizonte nuevo donde poder sentirse libre y sin ataduras. Sin quehaceres y obligaciones que le habían sido impuestas bajo el mandato de la fuerza de la sangre. O del amor, que en este caso significaba lo mismo.
Giró el timón, en cuanto notó la llamada de los recuerdos de su infancia, para esquivar las rocas que emergian en su huida queriendo apresarlo y  retenerlo.
Fue lo más duro. Tuvo que escarbar en sus vivencias, emociones y cicatrices para poder mirar hacia otro lado y seguir con su camino.
Sin rumbo y sin lastres, sabiendo que era la decisión más acertada de su vida.
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