Cruzó el pasillo iluminando mediante sombras las distintas habitaciones que la luz a su paso dejaba. Mientras caminaba, recordó aquellos años en los que tan feliz había sido junto a ella. Lo hubiera dado todo por Rebecca.
Ocultó sus devaneos sexuales e incluso fue capaz de mentir si la ocasión lo requería sólo por contentarla.
Se embutió en un vestido negro realizado con el traje de boda de su ama para tenerla siempre cerca y así sentir sus mismas sensaciones. Sensaciones que ya nunca lograría retener en los poros de su piel.
Amaba Manderley y todo lo que había significado para ella. Todo por lo que había vivido y que una noche desapareció sin dejar rastro.
Se sentía sola, sola y engañada después de haber dedicado cada instante de su vida a agradarla y servirla.
Para putas gracias, pensó.
Bajó los escalones con un rictus mortal en su cara, deslizando una mano por el pasamanos de la gran escalera y sujetando en la otra el candelabro mientras pensaba en su futuro.
Había decidido volver a empezar en su Rumanía natal. Tenia unos ahorrillos que había podido sisar y sabía que con ellos sería una mujer respetada.
Mientras seguía bajando, notó algo entre sus piernas que la hizo tropezar y caer rodando escaleras abajo. Al caer, las velas corrieron en distintas direcciones prendiendo fuego a tapices y alfombras que adornaban el suelo y las paredes de la estancia.
Jasper miraba desde la esquina de la puerta, dio la vuelta y salió hacia el jardín dejando una casa en llamas a su espalda.
jueves, 26 de agosto de 2010
martes, 24 de agosto de 2010
El último vino
Primero, segundo,...abrió la puerta del ascensor y por un momento creyó que no podría sujetarse al quicio de la puerta. ¡Lo consiguió!. Sacó las llaves y el tintineo de las mismas le ayudó a centrarse visualmente y meter la llave en la cerradura. ¡Obstáculo superado!.
Al llegar a la cocina, el olor a coliflor que todavía impregnaba el aire desde el mediodía, le provocó una arcada desde lo más profundo de su estómago y corrió hasta el minúsculo baño al fondo del pasillo. Quitó la mano de la boca y un chorro de color rubí se mezcló con el agua cristalina que reposaba en el interior del inodoro. Ahí quedaron los últimos crianzas riojanos que había bebido con sus amigos. ¡Prueba superada!.
Apoyándose en las paredes del pasillo, llegó hasta su habitación y se echó sobre la cama. Suspiró y sonrió con un ligero movimiento de comisuras. ¡Bingo!.
Cerró los párpados y lo vio. Vio los ojos de su hijo mientras le decía : ¿Otra vez papá?
lunes, 16 de agosto de 2010
Otra vuelta
En cuanto no puso su mano sobre la suya en el sofá, supo que todo aquello había terminado. Todo aquello que imaginó que era lo que habìa estado esperando durante mucho tiempo. Tiempo en el que su vida había sido simple y anodina. Deseaba tanto salir de aquella monotonía que se cegaba a la mínima que sentía cariño y atención pensando que era la persona con la que querría compartir su vida. Como ya sucedió. Dos relaciones anteriores que hubiera deseado borrar de su memoria pero era tal la envergadura de los surcos que habian marcado su corazón que los recuerdos quedaron solidificados en su mente. Había vuelto a suceder y en su agonía sabía que pronto estaría preparado para volver a empezar de nuevo. Y volver a caer.
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