Salió al jardín ante la necesidad de aspirar una bocanada de aire fresco que hiciera relajar la tensión acumulada en su estómago.
Una sensación de vacío inundaba sus entrañas y solo esa acción de llenar los pulmones hacía que todo su cuerpo se relajase y volviera a su estado natural.
Se sentó al borde de la escalera mientras dentro seguía sonando aquella canción.....quiero que todo vuelva a empezar, que todo vuelva a girar, que todo venga de cero, de cero...eso era lo que ansiaba.
Necesitaba empezar de cero. Dejar caer la piel seca, agrietada, que rodeaba su cuerpo y permitir al sol que nutriese sus células para soñar con nuevos horizontes que explorar y compartir.
Le dolían los desgarros. Los jirones que envolvían los momentos compartidos, convertidos en costumbres. También los desencuentros, los reproches y los silencios.
Todo menos su recuerdo.
Hacía tiempo que lo había enterrado junto a sus ausencias y menosprecios. Mucho antes de intuir que hablar es convencer de que no quedaba nada e intentar salir sin rasguños por encima de todo. Pisando sentimientos.
Era momento de duelo. Momento de cambio.
Entró en casa y volvió a escuchar la canción mientras sentía en su cuerpo que ya era otoño en primavera.

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