Recorrió los acantilados dejándose rozar por el aire gélido que golpeaba su rostro. Le gustaba esa sensación de frío en sus mejillas y calor en su cuerpo. Le recordaba su niñez. Sus días mirando las olas que rompían con fuerza en las rocas mientras las gotas de agua salada inundaban sus pensamientos. Tiempos, vivencias y sensaciones que volvían a su ser por arte de imágenes y olores que se filtraban en su mente. Momentos felices o por lo menos eso le parecían cuando ponía la distancia entre ellos y el momento actual.
Descendió sin prisa por las callejuelas que a contracorriente subían hacia lo más alto del pueblo. Esquivando los adoquines que intentaban sobresalir del resto de iguales, llegó hasta al mirador sobre la playa.
Contempló el manto de hojas secas de color ocre que se mezclaban con la arena y la espuma blanca, mientras tomaba una bocanada de aire como queriendo retener en su interior todo lo que sentía en ese momento.
Se sentía feliz de haber vuelto a casa.
